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Unidad Comunitaria ante el Tecnofascismo

22 sept
5 min de lectura


Muchas son las evidencias y  datos científicos sobre el cambio climático, los desastres naturales se incrementan en frecuencia e intensidad, la pérdida de suelos vivos y biodiversidad avanza año con año, la acidificación del  mar y sus graves consecuencias en arrecifes es notoria, la emisión de gases de efecto invernadero sigue su alza anual y, por supuesto, ya nadie cree en que podamos llegar a cumplir con los acuerdos climáticos pactados en múltiples cumbres climáticas internacionales, las COP’s son grandes pasarelas de buenas intenciones y bajos resultados. 


Los efectos son múltiples e impactan al medio ambiente de maneras diversas, afectando también a comunidades, pueblos y ciudades. Los seres vivos, que habitamos en la biósfera, la única esfera capaz de generar vida en el universo que conocemos, está en riesgo de colapso, por lo menos para una gran variedad de especies de animales y plantas que no podrán resistir el paso de nuestra voraz manera con la que actuamos, creyéndonos una especie superior a la cual todo lo que nos rodea nos debe rendir servicios y pleitesías


Esta visión, por más que nos quieran hacer creer que forma parte de la naturaleza humana, responde a una cosmovisión occidental, que necesariamente no ha sido compartida por una gran cantidad de cosmovisiones que tienen una relación distinta con el medio ambiente. Esta pérdida de vinculación con la naturaleza, este rompimiento con la pachamama es resultado de un proceso de desarrollo que hunde sus raíces en el judeocristianismo y el helenismo griego y después de un largo proceso de vaivenes históricos, se consolida en Europa mediante el ejercicio de una narrativa de dominación donde el hombre blanco se considera la raza superior o el pueblo elegido, ambas ideas forman parte de una misma narrativa que hoy tiene al mundo en vilo.


Si analizamos los procesos históricos de lo que hoy llamamos América, África, Oceanía o Asía podemos observar que su relación con el medio ambiente y los seres vivos que en esos territorios habitaban, tenían una valoración muy distinta a la observada por las poblaciones principalmente europeas. Ésta desconexión con el entorno natural nace en oriente próximo alrededor de 3000 años A.C. cuando los pueblos levitas adquieren de las hordas invasoras provenientes de Eurasia la preeminencia de una visión patriarcal y teosófica que comienza a cambiar el orden cosmológico sostenido durante milenios, donde la gran diosa sostenía las relaciones de poder y las estructuras sociales. 


Cabe recordar que incluso las poblaciones del norte de europa, los pueblos llamados bárbaros por la cultura grecolatína, también mantenían un pacto de vinculación con la tierra, los animales, las esencias  y los elementos, que si bien resistieron por muchos años al final sucumbieron ante el poder de Roma, sin embargo esos pueblos, sobre todo los nórdicos y los celtas preservan una memoria ancestral que hoy está volviendo a florecer, al igual que aquí en Abya Yala los pueblos originarios están siendo actores más relevantes dado que su sabiduría y cosmovisión dialoga de manera más sincrónica con el cambio de paradigma que empieza a emerger ante el colapso de la civilización occidental. 


No se trata de romantizar a los pueblos originarios sino de reconocer que su interrelación con el medio ambiente se funda en un respeto más profundo, de mayor cuidado con los ecosistemas y con la defensa de los territorios que habitan, por lo que podemos prever que esa visión generará una dinámica distinta, ya no basada en la acumulación de recursos sino en el respeto de la tierra y los seres sintientes, de no ser así, el futuro que nos depara es de una magnitud distópica tal que nos empujará hacia una segura extinción.


No me cabe la menor duda de que la visión occidental, alineada a los intereses del hombre blanco, paneuropeo y sus distintos centros de acumulación de poder, representados principalmente por Estados Unidos, Reino Unido, España, Portugal, Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos e Israel, herederos privilegiados de la dominación esclavista, colonial y tecno financiera, que ejercen  hoy el control del sistema petrosexoracializado, saben muy bien que el el sistema industrial de consumo, no puede continuar subsistiendo tal y como ahora prevalece, porque más allá de las desigualdades sociales y económicas que generan, con los efectos sociales que de ahí se derivan, no pueden mantener su nivel de consumo energético porque el factor ambiental y ecosistémico ya no  se soporta dentro de los límites planetarios que se necesitan para que la vida continúe. 


Esto marca dos rutas, la primera radica en una radicalización tecno fascista, como la que desgraciadamente estamos viendo que están provocando, donde su interés es la reducción drástica del 80% de la población mundial a través de procesos diversos (guerras, pandemias, genocidios, controles de la natalidad, desastres naturales, etc); es decir, de una política eugenésica respaldada por la IA y los avances de la robótica que buscan sustituir el trabajo de los seres humanos, que ante está lógica se vuelven, en gran medida prescindibles y la segunda, que abre la posibilidad a construir desde una visión incluyente y comunitaria, donde la igualdad de derechos no sea sólo un adorno en los vitrales de los organismos internacionales, sino un faro de esperanza para construir modelos resilientes y regenerativos, basados en la cooperación y colaboración entre comunidades, pueblos y naciones. Esta visión no es antropocéntrica sino multiespecie y es desde aquí donde debemos de tejer la resistencia ante esta galopante derechización que sostiene las narrativas de pueblos elegidos y razas superiores. 


La resistencia nace desde la organización social que se emancipa de las viejas instituciones emanadas del modernismo, donde el Estado Nación constituye una ficción jurídico administrativa que administra el poder para que éste esté siempre en manos de una elite que monopoliza los procesos políticos a favor de unos cuantos. 


La resistencia se fortalecerá cuando la emergencia ambiental y la crisis climática hagan insostenible el equilibrio de los sistemas que sostienen la vida, por que al final, si basamos la esperanza en la tecnología y en la reducción masiva de la población, la red trófica que sostiene las relaciones sociales y ecológicas, pasarán una factura de tal magnitud que nadie se salvará del desastre.


La resistencia es sostener la esperanza radical, para que el cambio de conciencia que asoma ya en el horizonte genere una fuerza de sostenimiento tal que las minorías rapaces y racistas no tengan posibilidad de actuar. Los vientos de cambio se sienten, el fantasma de Marx vuelve a dejarse sentir desde otro ángulo y desde otras valoraciones, pero sin duda alguna indica que algo se está moviendo porque de lo contrario la reacción de las elites dominantes no estarían obrando de la manera que lo hacen. 


La resistencia es regenerativa, incluyente, comunitaria, empática y compasiva o no será. 


T-Lía (texto libre de inteligencia artificial)


Crédito de imagen: WIRED


 
 
 

6 comentarios


gran ny 2
hace 2 minutos

Your insights on community resilience against technofascism resonate deeply with me. How do you see platforms like Granny 2 fostering meaningful connections amidst these challenges? I’ve noticed tech often isolates rather than unites.

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Tornull Projec
hace un día

Snow Rider takes you through snowy mountain tracks filled with fast downhill action, tricky obstacles, collectible presents, and exciting winter challenges.

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Ayer pasé al lugar y me pareció un oasis. Hoy me impresionó su presencia en internet. Podrían mejorar en usar licencias Creative Commons, en vez de copyright. Se llama copyleft.

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Willow Mejia
hace 5 días
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jamespaul118838
hace 7 días

I appreciate the way p999game can be explained without excessive promotional language. Practical information about the interface, general features, and account options gives readers a clearer picture and lets them decide for themselves what aspects are worth exploring.

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