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La Crisis Ambiental es una Crisis Civilizatoria.

Por Paco Ayala


La Civilización Occidental surge del encuentro que se produce entre el Judeocristianismo y el Helenismo Griego, ambas raíces se encuentran en un momento clave en la historia del desarrollo de la humanidad, justo en el epicentro donde las culturas nacidas en el medio oriente y el mediterráneo vivían un apogeo importante. Las ideas de los filósofos helénicos hallaron en la visión judeocristiana el acicate perfecto que dio origen al andamiaje civilizatorio de Occidente.


Esta visión le dio al hombre la cualidad de sentirse una extensión hecha a imagen y semejanza de un Dios único. creador de todo lo visible e invisible y, por lo tanto, sentó las bases para que la humanidad pudiera establecerse como la especie soberana en la tierra y todos los recursos naturales pudieran ser usados por nosotros para lograr el desarrollo material y espiritual que la manus del Dios creador nos otorgó.


Esta desvinculación con la naturaleza. que sin duda forma parte del gran misterio que envuelve el desarrollo de consciencia de nuestra especie, logró por fin encontrar en la Civilización Occidental el terreno fértil para impulsar un sistema de creencias y valores que han hecho, efectivamente, que el ser humano sea hoy la especie que reina la faz de la tierra.


Esta historia no necesariamente tiene un final feliz. En los mismos cimientos de la civilización occidental subyace la noción apocalíptica que marca el fin de esta visión y justo en estos momentos podemos ver con claridad que efectivamente la Civilización Occidental vive una profunda crisis que no tiene retorno. La posibilidad de tejer un nuevo mañana no puede ser construido desde los fundamentos de una visión que antepone al hombre por encima de la naturaleza, de una noción de la realidad que sólo sustenta sus creencias en primicias materiales y objetivas, dejando a un lado la magia sutil que envuelve el velo ecosistémico que sostiene la vida.


Calentamiento Global. Ilustración de “Mecho”, Luís Demetrio Calvo Solís, IG: @mecho_art


Como resultado de esta desconexión nuestros mares están siendo contaminados con todo tipo de desechos industriales, plásticos y combustibles fósiles y nucleares; nuestras selvas y bosques están siendo arrasados por mineras y taladores que destruyen redes ecosistémicas sin mirar los efectos que producen; los ríos, lagos y lagunas están seriamente contaminados y muchos de ellos desaparecen, provocando una mayor erosión de suelos; nuestra industria agroalimentaria envenena comunidades, suelos, aguas y atmósfera de manera indiscriminada; invertimos en una industria de procesamiento de alimentos que sacrifica a millones de animales de formas tan crueles que deberíamos avergonzarnos; consumimos de manera desenfrenada, demostrando una adicción hedonista que parece no tener freno; destinamos miles de millones de dólares en armamentos y aparatos de tortura diseñados para destruir a nuestra propia especie; empleamos horas y horas en distraernos con espectáculos y entretenimientos superficiales que producen individuos insatisfechos que consumen millones en drogas y pastillas para quitarse la sensación de vacío que vivimos.


Esta crisis de honda repercusiones nos está poniendo al borde de la extinción y tenemos que plantearnos seriamente que es lo que queremos hacer para evitarlo. Hoy vemos que la profunda desconexión y desarraigo que viven los hombres más ricos del mundo es tan grande que están invirtiendo miles de millones de dólares en conquistar otros planetas, en realizar viajes al espacio, como si ello pudiera brindarles la escapatoria de este mundo que quizá saben ya perdido.


El panorama es poco alentador y sin duda alguna es justo en esta primera mitad del nuevo siglo que podremos ver cuál será nuestro destino, si el Armagedón que Occidente vaticinó en su libro fundacional que es la Biblia y las tragedias griegas hasta la narrativa hollywoodesca o podemos dar un salto cuántico de consciencia y trabajar a favor de la tierra y de la vida.


Para lograr esto necesitamos transitar de manera urgente hacia un nuevo Paradigma, hacia una visión capaz de envolvernos en la comprensión de que todo está interconectado y que nosotros somos tan sólo una parte más de todo el concierto ecosistémico que nos une.


De esta desesperanza que nos envuelve también surge la posibilidad de co-crear una posibilidad que nos permita renovar la esperanza por un mañana posible. El fin de la civilización occidental es también el inicio para volvernos a reencantar con el mundo, tal como Morris Berman nos invita a hacerlo, para ello debemos tejer desde la visión sutil, desde aquella que los pueblos originarios resguardaron porque sabían que no era aún tiempo de ser revelada a un mundo que necesitaba vivir a tope el racionalismo etnocéntrico que el Paradigma Cartesiano, marco filosófico de la Civilización Occidental delineó como verdad única e inmutable.


Este nuevo Paradigma que emerge comienza a recorrer el corazón de las nuevas generaciones, como si fuera un suave rocío que se expande por todo lo que nos envuelve, sin que seamos capaces de entenderlo porque lo importante ahora es sentirlo. Está en esa ebullición con que las nuevas generaciones comienzan a organizarse para defender el medio ambiente, está en el grito rebelde de las mujeres que saben que es el momento de que el sagrado femenino se emancipe del yugo patriarcal, está en la lucha por el reconocimiento de todas las diversidades, ya sean estas culturales, sexuales, raciales, etc; está en la palabra de los ancestros que nos dijeron que la tierra, el agua y el viento y los seres que habitan en la madre tierra no son mercancías, sino conexiones que nos tejen con el manto sagrado que es la vida; está también en aquellas y aquellos que de las plantas hacen medicinas capaces de interconectar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu con la red ecosistémica que nos sostiene…


En Huerto Roma Verde nos imaginamos cómo podrían ser las relaciones sociales, económicas y políticas que se generen en este Paradigma Bio-Sistémico que comienza a surgir; nos sentamos a reflexionar cómo debemos ayudar a este proceso de transición para que de las cenizas de la Civilización Occidental surja una nueva generación de individuos capaces de construir comunidades empoderadas en la autogestión, la comprensión, la empatía y la compasión, en suma para ser la generación de CIVILIZIONARIOS que como bien los dice Maestro Victor Toledo Mansur, den la última batalla por la vida.



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