Del tiempo, del espacio y de cosas mejores.
- hace 3 días
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por Paco Ayala
“El espacio se reduce y el tiempo se acorta”, quizá esta afirmación es un buen ejemplo de lo que sucede en la época que corre en este primer cuarto del siglo XXI. La reducción del espacio no sólo es físico, terrenal y situado, también lo es cognitivo y virtual, porque si bien es cierto que la nube pareciera ser infinita, sus límites están circunscritos por las hegemonías de poder que lo controlan. De nada sirve tener espacio para publicar o expresar lo que deseas si el algoritmo te constriñe, te limita, te circunda para que nadie más que un puñado de gente muy reducida te vea.
El espacio físico también se tambalea, las burocracias, cada vez más alienadas al fascismo se encargan de hacer de su uso y goce un privilegio para unos cuantos. El fascismo y el algoritmo son hermanos, el bigbrother que sonríe en la pantalla de tú ordenador o móvil que hoy gobierna los sentidos de una turba de jóvenes que día a día pierden la capacidad de análisis, investigación y reflexión. La IA es la llave de ese espacio cerrado que se proyecta como infinito pero que al final está limitado dentro de una estructura de poder que todo lo ve y evalúa para permitir qué es lo que puede o no puede viralizarse.
Con el tiempo pasa algo similar, pues la sensación de lo eterno y lo sagrado ya no se calcula dentro de las fechas que mueven nuestro camino, la inmediatez ha triunfado y los años son ahora minutos de un presente que todo lo disuelve.
La sensación de los años ya no se percibe como antes, donde cada lapso de 365 días tenía un peso específico dentro de nuestras vidas, hoy un año es una línea más dentro del calendario de fechas concluidas, un paso del tiempo sin sensación y causa, sólo un efecto que nos acompañó en una brevedad, en un suspiro.
El espacio y el tiempo que se reducen ante el paso de nuestras vidas ha creado una enorme sensación de desasosiego, desesperanza y miedo, un espasmo que tiene a la sociedad de hoy detenida porque lo que reduce limita y al hacerlo inmoviliza.
Ante todo esto, la madre tierra observa cómo la locura que hemos construido está rompiendo las redes ecosistémicas que nos sostienen, quizá porque ésta es la enseñanza necesaria para que un nuevo despertar abra un portal de tiempo que nos permita construir un espacio capaz de reinventarlo todo.
Al final, el espacio y el tiempo no son más que una ficción creada a través de nuestra forma de sentir y pensar el mundo que habitamos, de seguro, el espacio y el tiempo que necesitamos construir está dentro de nosotros mismos, en la red epigenética que somos, en la energía y vibración con la que podemos ser capaces de magnetizar el mundo que nos rodea, en la capacidad con la cual podamos sincronizar el micelio biosocial regenerativo que nos une para que la red simpoiética que somos florezca en la luz que nos guía, sólo si en verdad queremos mirarla.
(T-Lía. Texto libre de inteligencia artificial)




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